The Influencer Manifesto Part 1

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Y un día me cansé.

Me cansé de los grandes volúmenes de ropa que tengo en el placard. Me cansé de mis casi 100 pares de zapatos, y de los 136 accesorios que sumé ayer a la madrugada entre anillos y collares.

Me cansé de subir fotos de mis looks y de hablarles de una pilcha — cuando realmente no me importa ni me interesa hablar de la ropa en sí misma.

Me cansé de lo superficial que es este mundillo influencer. Que si bien sigo hace años a algunas chicas que me encantan y en su momento fueron disrruptivas, hoy por hoy el resto somos un calco de la que tenemos al lado.

Me cansé de pensar qué performa mejor y qué performa peor en Instagram. Me llené los huevos del algoritmo.

Me cansé de ver cómo mis posteos reflexivos tienen menos interacción que los que les pregunto si les gusta más usar remera o blusa. Me cansé de lo superfluo. YO no soy superflua. Me encanta leer, educarme. Soy reflexiva, disrruptiva, voy al choque, y mi frase de cabecera es “¿y por qué?”.

¿Así que por qué me quiero parecer al resto para “llegar”? Y ese “llegar”, ¿dónde es exactamente? ¿A dónde mierda vamos con tanta farsa en las redes? ¿Qué nos pasa que ya no escribimos en blogs y ni siquiera intentamos que la gente vuelva a acostumbrarse a leer más de 5 oraciones seguidas? ¿No somos conscientes del uso de nuestra influencia?

Es un círculo vicioso.

Decimos que no nos importan los likes, los followers… pero en el fondo, hacemos todo lo que está a nuestro alcance para que estos crezcan. Sin importar qué compartimos. Sin importar el mensaje que lleva esa imagen. Sin importar si estás contribuyendo negativamente a un sistema que cada vez nos vuelve más “básicos”, como a mi me gusta decir cuando nos acostumbramos a consumir contenido que no nos hace pensar, que no aporta, que no es de valor.

Yo no soy así. Y se que ser así no es redituable, no es comercial, no es marketinero. La filosofía no garpa en las redes. Las reflexiones que van más allá de una frase trillada no generan likes, monetizan, ni dan pie a una charla en los comentarios. A las pibas les importa el make-up y venderte esas botas bucaneras que no te pueden faltar este invierno, como si fueran cosa de vida o muerte.

Pero está bien. No pasa nada. Nunca fui una piba popu en la secu. Nunca fui parte de ese grupito al que todo el mundo seguía porque eran lo que estaba in.

1. ¿Cuánto le creemos a los infuencers?

Parte de lo que me hizo decidir alejarme definitivamente del mundo influencer, es el hecho de que siento que ya no les creemos a los influencers cuando nos “recomiendan” cosas.

No sería la primera vez que una fashion instagrammer, que claramente suele tomar el transporte público, es de clase media y le pega de frente la macrisis, sube una foto con el lanzamiento de un nuevo auto que solo una pequeña porción de la sociedad puede comprarse.

Hasta he visto posteos sponsoreados de cepillos de dientes (sí, leyeron bien).

Las beauty gurus más reconocidas reciben a diario paquetes en sus casas, de productos que recomiendan pero que claramente no les da el tiempo a probarlos — las cuentas no me dan, amiga, ¿qué me estás recomendando realmente?

Todo era mucho más creíble y genuino cuando a nadie le pagaban por subir una foto y recomendar un producto. Cuando las recomendaciones eran esporádicas y se relacionaban de verdad con quien te la estaba recomendando.

2. Estamos alimentando el consumo de contenido en texto fragmentado

Y eso me da miedo.

Que estemos perdiendo la capacidad cognitiva me da miedo.

Y me duele decirlo, pero los grandes responsables de esto somos nosotros mismos, y no las redes sociales ni Internet como tanto nos insisten.

Somos nosotros, que porque es más fácil y requiere menos esfuerzo elegimos el microblogging en Instagram antes que los blogs. Que escribimos oraciones cada vez más cortas, en un lenguaje sencillo y ya digerido para que sea más fácil de consumir.

Somos nosotros, que consumimos TANTO contenido en TANTOS lugares, que ni dejamos un comentario ni buscamos interactuar con eso que estamos consumiendo.

¿No nos damos cuenta lo mal que nos estamos haciendo a nivel sociedad generando contenido que no nos hace pensar? ¿Qué tan bien está que vengamos a Internet sólo a buscar memes y relajarnos? ¿Por qué huímos tanto del simple hecho de pensar, de reflexionar?

3. No me llena ni me hace sentir exitosa compartirles fotos de looks ni hablarles de tendencia

Porque, honestamente, me importa poco y nada hahaha.

No hay nada que me importe menos que escribir acerca de mi ropa. ¡Y de las tendencias ni hablemos! Me divierte verlas, pero no me interesa seguirlas, y tampoco me interesa escribir acerca de ellas. Ya hay miles de sitios que hacen eso bien, ¿para qué simularlos?

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4. Quiero volver a disfrutar la parte social de las redes

Por algo se llaman “redes sociales”.

Hace poco volví a Livejournal. Esa bitácora de vida que todos alguna vez usamos, y en la que muchos aún siguen escribiendo.

Les conté a mis amigos de por allá lo que me estaba pasando con Instagram, con el blog.

30 comentarios. Extensos. Pensados. ¡Cómo extrañaba eso por favooorrr! Interactuar, compartir, intercambiar opiniones. ¡Me había olvidado lo bien que se sentía conocer a las personas que están del otro lado!

En Instagram no me pasa eso. Si bien conocí a muchas chicas, influencers y bloggers la mayoría, que hoy por hoy adoro con toda mi alma, la realidad es que no hay mucha comunidad por ahí. Hay más bien fans, followers.

5. Y por último (y no por menos importante)… Quiero disfrutar más de la vida offline

Me está pasando algo hermoso, gente: me está gustando mucho mi vida offline últimamente.

Tengo gente cerca mío que se preocupa por mí, que me quiere por quien soy, que me invita a su casa y me hace mates.

Me está gustando estar al aire libre, tomando un poquito de sol (vitamina D ven a mí~) y leyendo un buen libro.

Y tengo ganas de disfrutar todo eso sin sentirme obligada a subir una story. Sin pedirle a alguien que me saque 50 fotos para subir después al blog. Quiero vivir esos momentos a través de mis ojos y del resto de mis sentidos, y no a través de una cámara de celular.

Ya lo he dicho: la vida es mucho más de lo que subimos a las redes, y yo no quiero que se me pase la vida y lo único que tenga para mostrar sea un perfil super curated en Instagram.

In English

And one day, I just got tired of it all

I got tired of the mass of clothing I have in my wardrobe. I got tired of my almost 100 pairs of shoes, and of the 136 accessories I counted yesterday evening between necklaces and rings.

I got tired of uploading photos of my looks and talk to you about my choice of dress — when in reality I couldn’t care less about writing about clothes themselves.

I grew tired of how superficial this influencer world is. Because even though I still follow some big ones that are from the original bunch, nowadays we all ended up being copies of each other.

I got tired of thinking about content that will perform better on Instagram. I’m tired of the fucking algorithm.

I grew tired of seeing how my thinky posts went unnoticed, engagement-less. About how much more you guys interact with me if I ask you about whether I should wear a tee or a blouse. I’m tired of materialism. I AM NOT materialistic. I love reading, getting educated. I’m thoughtful, disruptive, I go straight into the fight, and my main phrase is probably “and why is that so?”.

So why do I want to look like the rest to “make it”? What is even “making it”? Where are we going with all this bullshit? What’s going on in our heads, that we barely write in blogs anymore and we don’t even try to make people get used to read more than 5 sentences together? Aren’t we conscious of our influence?

It’s a vicious circle.

We say we don’t care about the likes, the followers, that our worth isn’t defined by them… yet, deep down, we do everything in our reach to make them grow. No matter what we share. No matter the message we’re conveying. No matter if we’re negatively contributing to a system that each day turns us more “basic” than the day before, term I like to use when we get used to consuming content that doesn’t invite us to think, to reflect, content that has no real value for us.
I’m not like that. And I know it’s not commercial to be this way. Philosophy doesn’t make it as quick as fashion blogging. Thoughts that go beyond a cheesy quote don’t convert likes, don’t monetize and hardly ever start conversations in the comments section. Girls only care about make-up and selling you the knee-high boots you MUST have this winter, like it’s a matter of life or death.

But it’s okay. Really. I was never the popular girl in school. I was never part of that group everybody and their mothers followed aroundb because they were in.

1. How much do we believe influencers anyways?

Part of what made me step aside from this influencer industry, is the fact that I think we don’t believe in influencers recommendations anymore.

It wouldn’t be the first time that a fashion instagrammer, who clearly takes the public transport, is a middle class woman and gets hit right on the face by the economical crisis, uploads a picture next to a super expensive car on its launch event, car that only a small portion of society will ever be able to get access to.

I have even seen toothbrush sponsored posts, pals (yes, you read that correctly).

The most recognized beauty gurus receive packages daily at their doorsteps, of products they constantly recommend but clearly lack the time to properly try them — so sorry babe, but my maths aren’t adding up, what are you really recommending to me?

Everything was so much genuine back when no one was getting paid for uploading a photo and recommending a product. When they were more sporadic and they were truly related to the person recommending them to you.

2. We’re feeding the consumption of fragmented content

And that scares the crap out of me.

I’m scared we’re losing our cognitive capacities.

And it hurts to say it, but we are the biggest reason and responsible for this, not social media or the Internet as so many keep repeating.

It’s us, because it’s easier and requires less effort from our part to choose microblogging over Instagram rather than blogs. Because we write shorter sentences each day, in an easy language, spitting it already digested for others to consume easily.

It’s us, that we consume SO MUCH in SO DIFFERENT places, that we hardly have the time to leave a comment and interact with that content we are consuming.

Don’t we realize how we’re impacting society negatively pouring our content that doesn’t make us think, reflect, debate? How okay is it to come to the Internet just to distract our minds from the daily struggles? Why do we run away so much from critical thinking?

3. I don’t fit it fulfilling to share photos of my looks and talk about trends and what I’m currently wearing

Because, in all honesty, I don’t give a damn hahaha.

There’s nothing I care about less than clothing. Not to talk about trends! I have fun checking them out, but I’m not interested in following them or making you do so.

4. I want to go back to enjoy the social in social media

There’s a reason why they’re called “social”.

Just a while I go, I went back to Livejournal. That platform that was almost diary-like that we all used once, and that so many still use nowadays.

I told my friends over there how I was feeling about the influencer marketing world, and my post exploded.

30 comments. Long. Thoroughly thought-out. I missed that so muuuuuch! Interact, share, exchange thoughts and opinions. I had forgotten how great it felt to get to know the people on the other side of the screen!

I don’t see that on Instagram. Even though I met a lot of lovely girls over there, mostly influencers and bloggers alike, that nowadays love deeply, I still don’t see much of a community over there. It’s more about fans and followers than friends.

5. And lastly (and not because of that less important)… I want to enjoy more my offline life

There’s something beautiful happening to me, people: I’m liking my offline life a lot lately.

I have people close to me, physically, who worry about me, love me for who I am, invites me over at their places and pours mates for me.

I’m liking being outdoors, sunbathing a little bit (come to me vitamin D~) and reading a good book.

And I want to enjoy all of that, fully, without feeling forced to upload a story. Without having to ask someone to take 50 photos of me to upload to the blog. I want to experience those moments with my eyes and my other four senses, and not through my phone.

I have already said it: life is more than what we upload to social media, and I don’t want my life to flash before my eyes and only have a perfectly curated Instagram at the end of it.

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Sora

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